Entrevista a Risto Mejide – El Mundo PAPEL

Risto Mejide: “Me ha costado mucho dinero tener huevos”.


Entrevista completa publicada en El Mundo Papel el 26 de Marzo de 2017. Escrita por: 
Javier Gómez Santander. Fotografía: Javier Nadales.

Llega Risto Mejide a Malasaña sonriendo. Un poco tarde, pero sonriendo. Es una estrella y ayer su programa hizo un buen dato. Estamos en una tienda de decoración. Yo propuse un bar, pero su jefa de prensa respondió que a ver si creía que podía meterle en cualquier sitio. Así que nos han dejado esta tienda; un local tranquilo, mono y que hoy está cerrado al público. Ha sido buena idea, desde el taxi hasta la puerta le han gritado su nombre dos veces. En quince metros. Ahora, tres minutos después, unas chicas se han pegado al escaparate: señalan y nos apuntan con móviles. Mejide les dice hola y ellas, en vez de responder al saludo, gritan: «¡Tía, que es Risto!». Como si la gente que sale por la tele tampoco pudiera ver lo que hay al otro lado del cristal en la vida real. 

Mejide dice que por primera vez está en un momento personal y profesional en el que puede hacer lo que siempre ha querido hacer. Que «antes no sabía o no podía y ahora sí». Que tiene ganas. «Más ganas que nunca». Que comunicar es su vida y que lo está haciendo con los mensajes que le pide el cuerpo. En su programa, Chester In Love, que se ha estado emitiendo los domingos en Cuatro, han hablado del amor, de la supervivencia, del dinero o de la felicidad. Han ido, en definitiva, directos al meollo de la vida. 

P: ¿El programa ha salido parecido al momento personal en el que estás?
R: Yo siempre he sido coherente con cómo estaba. Y he intentado dar esa honestidad en todos los trabajos que he tenido. Ahora estoy en una época de mi vida en la que efectivamente estoy muy feliz. Estoy muy enamorado, como he dicho a los cuatro vientos. Por lo tanto, sería muy estúpido por mi parte blindarme y decir no, no, yo sigo siendo el mismo y sigo poniendo cara agria. No. Estoy como estoy. Y la gente lo ve.
P: Entonces, ¿el tú de antes también eras tú?
R: ¿Y quién es el tú de antes?
P: El cabrón.
R: ¿Crees que ahora no soy cabrón? Igual soy más cabrón porque lo disimulo mucho mejor. ¿Quién es el cabrón, el que va de frente haciéndose el cabrón o el que va con una sonrisa diciendo estoy enamorado y luego te la cuela?
P: Pero, ¿nos la cuelas?
R: No lo sé. No lo sé. Yo sé que soy honesto con lo que hago. Y con lo que vivo. Y en estos momentos vivo una etapa en la que no me da miedo expresarme como soy.
P: ¿Antes te daba miedo?
R: Sí. En eso sí que he cambiado. Desde mi primera gala en Operación Triunfo, hace más de 10 años, lo que ha cambiado es mi relación con la cámara. Yo a la cámara ya no le tengo el miedo que le tenía antes. Antes me tenía que blindar. Me tenía que parapetar detrás de unas gafas oscuras. Hoy también las llevo, pero las he podido llevar transparentes, o… es que ya me da igual. No tengo ese miedo.

 

Él, que era el terror hecho jurado, confiesa que tenía miedo. Aquel Mejide soltaba entonces cosas del tipo «cantas como si te hubieras tragado una cabra», o «eres un ejemplo de cómo con tan poco se puede llegar tan lejos», o «me parece fatal que gente como tú salga en televisión por hacerlo como lo haces. Me das lástima». Y las remesas de talentos de marca blanca de Operación Triunfotemblaban ante aquel publicitario con chupa de motero que soltaba verdades a navajazos. Pues bien, algunos años después, hemos visto a ese mismo tipo preguntándoles a sus invitados por el sentido de la vida, por cómo sienten y por a qué temen. Sonriendo, tranquilo, escuchando sentado en un chester que por puro mimetismo estaba in love.

P: ¿Te has vuelto más empático?
R: ¿Crees que el de antes no era empático?
P: Yo creo que no. Creo que muchos concursantes de ‘Operación Triunfo’ habrán estado días sin poder dormir después de tus comentarios.
R: ¿Y no crees que has confundido la empatía con decir palabras agradables?
P: Yo creo que incomodabas muchísimo.
R: ¿Y eso es malo?
P: No sé los frutos que les dio a ellos. A ti, más o menos, sí.
R: No, a mí y a ellos. A mí es evidente los frutos que me dio. No voy a decir que lo hice por ellos porque también lo hice por mí. Pero, en el caso de que yo no hubiera hecho eso, ¿qué habría pasado?
P: Nada. Alguien se habría ahorrado algún trauma, ¿no?
R: Sí, pero los habría visto menos gente. Piensa que en alguna de mis intervenciones se llegó al 50,2 % de audiencia. No me quiero apuntar esos 50 puntos, pero…
P: Pero no se los vio en su actuación, se los vio en su escarnio.
R: En su valoración. En su valoración. Es que tampoco hay que putear a la gente. Yo me tenía que tragar las actuaciones, la gente no hacía falta que lo hiciera.
P: ¿No te arrepientes de nada?
R: Me arrepiento de muchas cosas que no he dicho, fíjate. Errores… los habré cometido por miles, pero como cualquiera que esté en directo las suficientes horas. El programa me hizo un favor, indiscutiblemente. Pero yo también cumplí mi papel de manera extraordinaria. ¿Estábamos haciendo un programa de tele o qué estamos haciendo ahí?

Hacían tele. Tele pura. Tele de cañones de luz, excesos policromados y los mayores escotes masculinos vistos nunca en la península protagonizados por el pecho bronceado de Jesús Vázquez. Aquella tele tenía el sello de Vasile, Paolo. Y a Vasile, consejero delegado de Mediaset, lo cita mucho Mejide. Dice que es su maestro. Que lo admira. Que lo quiere. Dice que le interesa su inteligencia desmesurada y su sentido del humor romano. Habla de él como de un genio de otro planeta. Y afirma sin dudar que Vasile es su mentor.

P: ¿Eres tímido?

R: ¿Tú qué crees?
P: Yo creo que sí.
R: Yo creo que también. Pero, ¡y lo bien que lo disimulo, qué!

Eso es verdad. Disimula de vicio. Uno ve su Instagram y es como los libros de Teo pero con glamour. Risto va de vacaciones. Risto en África. Risto y su novia. Risto y su novia en Barcelona. Risto y su novia en la nieve. Risto y su novia en las Maldivas. Los dos guapos, los dos sonriendo. Los dos queriéndose. Hay tanto exhibicionismo sentimental que uno no sabe si en realidad el tímido está utilizando las redes para hacer terapia. «Es un escaparate», dice. «Yo pongo en el escaparate lo que decido que la gente vea, pero jamás abriré la tienda». 

P: ¿Eso qué significa?
R: Que mi intimidad sigue siendo mía. Lo que pongo en el escaparate, sí, que la gente lo vea, que los medios comenten. Entiendo que haya gente a la que le interese. Desde que hago eso, la presión de los paparazzi se ha ido. Les hago el trabajo. Y es mucho más agradable publicar la foto que tú quieres publicar con tu pareja que encontrarte un paparazzi cuando estás tomando algo en un bar.
P: ¿Hablamos de amor?
R: Estábamos hablando de ello, ¿no?
P: Sí, pero vamos a concretar un poco: ‘Mía’.
R: Ten cuidado, que nunca abro la tienda, te lo he dicho. Lo que ponga en el escaparate podremos hablarlo, lo que no…
P: No te preocupes. Yo te pregunto sólo…

En realidad, me pierdo en esos puntos suspensivos. Me ha liado con lo del escaparate y la tienda. No tengo costumbre de hablar con nadie sobre su novia y me siento repentinamente prensa rosa. Y es raro. El tiempo pasa y tengo que decir algo. Pienso en el texto, en Mía. Fue un bombazo. Una carta de amor que Risto publicó para su novia, Laura Escanes. Después le hizo un vídeo, que también publicó. Y ahí se disparó aún más la cosa. Apareció en todos los medios digitales, recorrió YouTube de arriba abajo dos o tres veces y recibió críticas. Críticas duras porque a mucha gente le pareció, de bonito, empalagoso. Y, aunque yo creo que es un texto a ratos duro que habla de una relación compleja, le suelto lo de las críticas. Pero a lo bruto.

P: Aquel día te cayeron muchísimas hostias, ¿no?
R: Sí, ¿tú crees?
P: Sí, cayeron muchas. Hubo gente a la que le gustó, pero otra mucha vio aquello como una cosa cursi y te puso a parir. ¿Cómo te sentó esa oleada? ¿La recibiste?
R: Claro. En este… mira. La la land. ¿La has visto?
P: No.
R: ¿Y qué críticas has recibido de la gente?
P: Que es cursi.
R: Yo he recibido las dos. Que es cursi y horrorosa y que es una pasada y es la mejor película del año. Sin verla ya te digo que La la land es buenísima.
P: ¿Sí? ¿Porque se habla de ella?
R: Claro.
P: O sea, que ‘Mía’ es una estrategia comercial.
R: No. Es un resultado. Nunca sabes si eso va a ocurrir. De hecho, no es el primer vídeo que yo hago. He hecho intros para todos los programas con mis textos, imágenes… uno nunca sabe lo que va a resultar de un producto creativo. Ahora, cuando eso ocurre, ¿qué tienes que hacer? Aplaudir. Qué bien. Ha habido mucha gente a la que le ha gustado. Ha habido mucha gente a la que no. Lo peor es lo que les sucede a los otros textos, que es que pasen indiferentes. Eso es lo peor. Ahí es cuando estoy jodido.
P: ¿Te gusta el mambo?
R: No, me gusta comunicar. Es que comunicar no es lanzar mensajes. Es que el otro los reciba. Ésa es la diferencia. Estamos equivocados si pensamos que comunicar es lanzar mensajes al mundo. Si nadie lo recibe, no has comunicado una mierda. Has hablado. Has hecho ruido. Tiene que haber alguien que los reciba. Tiene que haber alguien que te diga es una mierda o es una pasada. Da igual, lo ha recibido.
P: Volvamos al escaparate. Hay algo que dices en ‘Mía’ que me parece un abismo: «Cada día despierto con la angustia de que ése es el día en que te vas a dar cuenta realmente de con quién estás». ¿El verdadero amor lleva angustia?
R: Sí.
P: Ah.
R: El verdadero amor es una autentica putada. No es todo rosa. Es sufrir. Se sufre cuando se tiene, cuando se pierde, cuando se evoca, cuando se echa de menos, cuando se piensa en el qué dirán, cuando se siente que podría llegar otro y quitártelo. Se sufre. Se sufre. Se sufre continuamente. Afortunadamente, hay otras cosas que te lo compensan.

Sí, acaba de decir que el amor es una putada. Y el próximo programa que va a hacer en Mediaset va de citas, parejas y lleva esa palabra en el título: All you need is love… o no. Pero afirma que todas esas contradicciones se las compensa la pasión. Que necesita estar enamorado. «De lo que hago, también. Absolutamente». Lo que hace es publicidad. Ahí sale el Risto más obsesivo. El Risto al que hace pocos años situaron entre los mejores directores creativos de España. El tipo que disfruta analizando puntos débiles de marcas, haciendo diagnósticos. Lo hace en AFTERSHARE.TV, la agencia que tiene con Marc Ros.

 

P: ¿Cuánta gente curra para ti?
R: Más que para mí, en la agencia. Entre agencia y productora seremos unas cien personas.
P: ¿Qué buscas en una marca para una campaña?
R: Yo tengo un método. Pero algún día escribiré un libro, así que no lo publiques mucho.
P: No, claro. Pero dame el título.
R: Es el método de las tres erres. Lo aplico a muchos clientes y funciona bastante bien. Buscamos que todo mensaje tenga tres erres. Y esto es igual a nivel personal. Cuando tú abres la boca para decir algo tienes que pensar que cumplas tres erres. La primera erre es de relevancia. Qué coño le importa a la otra persona lo que voy a contar. Esta perogrullada ya se carga la mitad de los mensajes que vemos por ahí. La segunda es la reputación. Que además de interesarle al otro, construya algo de mí. Y la tercera es la resonancia. Resonancia en el sentido físico de la palabra: dos partículas que se comunican la una con la otra y se transfieren exactamente el mismo grado de vibración. Que te convierta en un emisor. Que vayas a casa y digas: ‘María, mira lo que me han dicho’. El universo ideal de la comunicación para mí es ése. Relevancia, reputación y resonancia.
P: ¿A quién le habrías hecho la campaña del 26J?
R: Pues mira, al PACMA. Me hubiera gustado. Porque creo que han estado a medio minuto de conseguir representación parlamentaria. Y sólo tener un escaño de gente defendiendo los animales; un escaño diciendo basta ya de corridas de toros en este país, habría valido la pena.
P: ¿Has ido a los toros?
R: Sí.
P: ¿Y qué pasó?
R: ¿Qué pasó? Que me levanté y me fui.
P: ¿No tenían trapío?
R: ¿Qué es trapío?
P: Nada, argot taurino. ¿Te repugnó?
R: Absolutamente. Me pareció un espectáculo decadente. A los toreros que he tenido delante se lo he dicho. A Fran Rivera se lo he dicho. Al Juli se lo he dicho. Les he dicho que son asesinos en serie. Y que para mí debería dejar de ser legal lo que hacen. Y Fran Rivera, a pesar de eso, es amigo mío.
P: ¿Y el Juli?
R: El Juli no es tan amigo mío. Y es una pena, porque me encanta tener un amigo que piense diferente a mí, porque es la manera de convencerlo.
P: ¿Pero te gustaría tener un amigo asesino?
R: No, asesino, no. Asesino en serie es una manera de hablar. En el diccionario tú miras asesino y es el que mata a otros seres humanos. ¿Por qué alguien que mata a un perro no es un asesino?
P: Pero en los toros mucha gente ve belleza. Plasticidad. Liturgia.
R: Eso es lo que hay que cambiar. Ver bello la tortura de un animal para que la gente aplauda me parece denigrante, retrógrado y propio de una sociedad bárbara. Ojalá algún día los toros se acaben, se acabe la tortura del toro. A mí que lo quieran lidiar…
P: Viendo tu biografía me parece que eres un tío que pone todas las cestas en los mismos huevos.
R: Joder, me voy a hacer una camiseta con esa frase. Sí. Mira, hubo un publicitario muy famoso en los años 60 que se llamaba Bill Bernbach. Dijo que los principios sólo son principios cuando te cuestan algo. Dinero, relaciones, lo que sea. Si tú me dices que eres honesto y no te ha costado dinero ser honesto, no eres tan honesto. A mí me ha costado mucho dinero tener huevos.
P: ¿Sí?
R: Sí. Y no sólo dinero. Y relaciones y amistades. Me ha costado cosas tener huevos.
P: ¿Y qué has ganado?
R: Pues, seguramente, dormir tranquilo, que es como duermo ahora. Y paz. Ya no creo tanto en la felicidad sino en la facilidad. Creo que sólo están a una letra de distancia por algo.
P: ¿Qué te da la facilidad?
R: Se basa en todo. Las cosas tienen que ir fluidas. Amar tiene que ser fluido. Y trabajar tiene que ser fluido. El fluir con las cosas cada vez me interesa más.
P: Te veo muy bien, Risto.
R: ¿Sí? ¿O acostumbrado?
P: No, tú no te vas a acostumbrar nunca.
R: No, no. Ya es tarde. A veces me dicen: Risto, no cambies. Me parece que ya no llegamos a tiempo. Pero de verdad, es una etapa muy bonita. Muy bonita.
P: Parece que han cambiado muchas cosas en estos 10 años.
R: Lo normal. No es un cambio radical, es el movimiento constante. El natural. Para mí tiene que ver con la edad. Con darte cuenta de los amigos que siguen ahí. Los familiares que ya no están. Las parejas que pensabas que iban a ser para toda la vida y no lo han sido… ese sentimiento de renuncia. Tengo una frase, que en todos mis libros la he dicho, que es: crecer es aprender a despedirse. Y creo que es un proceso de aprendizaje duro, pero, cada vez que te despides, aprendes. Te despides de personas, de estatus, de dinero, de condición física. Te despides. La vida te va enseñando a medida que te va haciendo despedirte de cosas. Yo cada vez me despido mejor. Ahora cojo las cosas con muchas más ganas, precisamente porque sé despedirme mejor.

Se despide comprando, porque este publicitario no sólo vende. Se lleva dos cojines de diseño. Paga uno y la dueña de Del Gallo, que así se llama la tienda, le regala el otro. Son bonitos, parece que de buen género y llevan frases en inglés estampadas. En uno de ellos pone: «No soy antisocial, soy demasiado bueno para ti». No es fácil que te siente bien un cojín, pero a él éste le queda de vicio.

Fuente: El Mundo Papel